Las diferencias entre sexos no pueden significar tener menos derechos
Paulina Weber, Presidenta del
Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile
¿Cuáles son los tipos de discriminación más comunes que sufren las mujeres?
El trabajo es el ámbito más evidente de discriminación a las mujeres, ya que en Chile las mujeres ganan un 35% menos que los hombres, y llegan a un límite en la escala de sueldos. Y en los servicios donde trabajan más mujeres, la escala de sueldos es más baja. Además, los oficios y profesiones históricamente consideradas “femeninas” eran una especie de proyección de los roles tradicionales de las mujeres y todavía se mantiene esa estructura, con un nivel de sueldos que en algunos casos no hace conveniente trabajar. Todavía hay una gran informalidad en el trabajo femenino. Hasta hace poco, no se contrataba a las mujeres que pudieran embarazarse.
¿Hoy cuáles son sus demandas?
Fuera de las que hablan de trabajo decente, estamos exigiendo paridad laboral, y que se empiece por la administración pública. En Chile sólo el 36% de la masa laboral está compuesta por mujeres y la vieja consigna de igual trabajo, igual salario, no es cumplido respecto de la mujer. Y como se trata de una cuestión cultural, lo tenemos tan incorporado, que muchas veces no se percibe tan clara y objetivamente. Especialmente ahora, cuando hay mujeres jóvenes que tienen la impresión de que la lucha contra la discriminación es algo que corresponde al pasado, cuando las discriminaciones eran imposibles de negar. Yo soy absolutamente partidaria de algunas medidas de este Gobierno como más salas cunas y jardines infantiles, porque eso favorece la independencia económica de las mujeres.
Uno de los temas más comentados el último tiempo es el femicidio. ¿Por qué es importante contar con una normativa especial al respecto?
Las respuestas que dan los hombres procesados por lesiones graves u homicidios contra sus parejas es tremenda, ya que muestran cuán internalizado está el que casarse equivale a apropiarse de las mujeres. Hemos tenido que hacer un enorme esfuerzo para visibilizar el tema de la violencia, porque durante mucho tiempo el problema era que las mujeres ocultaban ser víctimas de violencia porque les daba vergüenza. Y hasta hoy buscamos que esto se penalice, precisamente como una señal de que nadie puede golpear a nadie, y menos dentro de la familia. El femicidio es una forma de afirmar el poder, y normalmente se llega a eso cuando la mujer trata de escapar.
¿Cómo evalúa el rol de los medios en ese sentido?
En general, la propiedad de los medios es muy masculinizada y la orientación al tema es la más tradicional. Por una parte hay una gran liberalidad para mostrar mujeres en el contexto de los escándalos de la farándula, pero por otro lado hay un gran conservadurismo para todo lo que saque a la mujer de una posición tradicional. Y la forma en que se trata a la Presidenta lo muestra evidentemente. Lagos aparece como el gran patriarca, y a Bachelet se le critica en tanto mujer: que le falta firmeza, que pregunta demasiado, que forma comisiones, que no tiene dirección política, etc.
¿Cuánto hemos avanzado y cuánto nos falta?
Queda mucho por hacer, ya que hay una matriz cultural absolutamente conservadora respecto de las mujeres. Por supuesto que ha habido un avance, incluso a nivel cultural. El tema no es una guerra de sexos, sino que a nadie se le discrimine por la razón que sea. Y lo que sostenemos desde el movimiento feminista, es que, conservando diferenciaciones -sea por asociación histórica, socialización o los roles que se ha cumplido por generaciones-; las diferencias entre sexos no pueden ser motivo de tener menos derechos.

