Líderes de opinión y diferentes figuras públicas opinan sobre la discriminación y la necesidad de contar con una ley sobre la materia.
Alejandro Montes, conductor de TV
Lamentablemente los chilenos somos muy discriminadores, situación que no sólo atañe a nuestro país, sino que a gran parte del mundo. En nuestro caso la principal forma de discriminación es la social y esta se refleja en la apariencia, los estudios y la forma de hablar.
La aprobación de la ley que sanciona las conductas discriminatorias ayudaría a mejorar nuestra convivencia. Demuestra que hay una sociedad involucrada en el tema y que quiere hacer un cambio. En todo caso, erradicar la discriminación no es un asunto que dependa de los otros, de los políticos, etc... es un tema en el que todos nos debemos hacer partícipes para lograr cambiarlo. Esto nos llevará a ser mejores como sociedad y frente a ello la ley antidiscriminación es un primer paso.
Ivonne Fernández, sicóloga e integrante del Consejo Directivo de Genera
En nuestro país, la discriminación de clase social es la más frecuente, pues no da lo mismo nacer pobre. La cuna, el lugar de origen determina accesos posibles, limita otros, impide gozar de las oportunidades que otros sectores sociales pueden vivir. El lugar de nacimiento define qué territorio habitas, a qué escuela puedes ir. El origen permite plantearse o no la pregunta sobre el futuro. En los sectores pobres de nuestra sociedad la pregunta por el futuro está impedida. La discriminación de clase –por llamarle de algún modo- es de las más feroces y la que produce mayores consecuencias. El sentimiento de exclusión, de no ser parte de los “bienes y posibilidades que ofrece la sociedad” produce en su seno complejos mecanismos de evasión, de agresión de alienación. El sistema económico actual es profundamente discriminador. Vende la idea de que es posible – a través de los medios y la publicidad- y la realidad de muchos y muchas es de imposibilidad.
Ahora, si la discriminación de clase se cruza con otras variables como la de género, etnia, orientación sexual, etárea, entre otras la situación se amplifica.
La aprobación de una ley en este sentido permitirá hacer visible socialmente –de alguna manera- una realidad que respiramos cotidianamente. Una legislación que sanciona conductas discriminatorias es un avance que permite desnaturalizar lo que vivimos.
Una ley antidiscriminación también comunica a la ciudadanía que el Estado asume un rol activo en la sanción, denuncia y promoción de mecanismos que la frenen. Se pasa de una descripción de hechos de la vida cotidiana a una calificación ética de los mismos, y ello sin duda que produce consecuencias en las personas.
Ahora bien, me parece importante señalar que la discriminación de clase es suficientemente profunda, casi inscrita en el ADN social, que la ley al enfrentar “hechos y conductas” no necesariamente apelará a la transformación de ese nivel. En todo caso, la ley cumplirá esa labor –necesaria- y será labor de la sociedad en su conjunto dotarla de los contenidos y comprensiones a la base: la denuncia de lo estructural que soporta, promueve y produce “actos discriminatorios”.
Javiera Contador, Actriz
Me parece que Chile discrimina por condición sexual, religiosa, política sin embargo me parece que la discriminación más habitual y más cotidiana es la física y la de origen social. El dicho “ante la duda abstente” hace que mucha gente se “abstenga” de contratar o relacionarse con aquellos que consideran por ejemplo “feos” o “cara de delincuente” “gorda” “vieja”, etc. ¡Como si en Chile todos fuéramos flacos, rubios y de ojos azules! Me parece que la belleza (concepto por lo demás subjetivísimo) no es parámetro para que uno realice bien o no un trabajo. Ahora, es un desafío que debemos asumir todos, porque el prejuicio no es solo del que emplea, sino también de los consumidores, es decir, todos nosotros.
Creo que todos, en mayor o menor medida, somos discriminadores o hemos discriminado alguna vez. Esta actitud está tan inserta en nuestra sociedad y en nuestra cotidianidad, que es bueno tener un cambio, una obligación que venga de afuera. Para los no fumadores siempre fue muy molesto los fumadores y si bien estos entendían, nadie hacia nada, hasta que se vieron en la obligación de respetar a quienes no fumaban…. El respeto hacia las personas y su dignidad me parece mucho más importante, si nos vemos obligados a respetar, poco a poco las nuevas generaciones lo tendrán incorporado, se habrá producido un cambio y todos habremos ampliado nuestra capacidad para reconocer el talento y las capacidades más allá de la apariencia, la condición social, orientación sexual, religiosa u política.
Esperanza Silva, actriz
Yo creo que los chilenos somos absolutamente discriminadores. Aunque nadie se atreva a reconocerlo, todos discriminamos: cuando vemos a alguien pidiendo plata, cuando llegamos a una fiesta y nos hacemos un juicio inmediato por la apariencia de las personas. Yo tuve la suerte de vivir muchos años en Holanda, donde la discriminación realmente no existe. Y es muy agradable vivir en un país donde no importa cómo te peines, o cómo andes.
He conocido casos de discriminación en mapuches, o ex reos que tienen los antecedentes manchados y no los llaman para los trabajos.
Me parece importante que exista una ley que sancione la discriminación, porque es una manera de sacar a la luz algo que ha sucedido durante siglos en nuestro país, y ocultamente. Creo que la gente tiene que empoderarse, informarse y tener el derecho a decir sí, soy discriminado/a, y sin vergüenza, porque la persona se avergüenza por ser discriminada. Eso cambiaría con una ley.
Como ciudadanos tenemos que hablar, verbalizar lo que nos pasa, comunicar lo que pensamos. Siempre converso con mis colegas de que lo importante de acceder a los medios de comunicación es tener algo que decir, y me parece que la discriminación es un gran tema en nuestro país, que no debería seguir ocultándose.
Pía Barros, escritora
En casa no nos ven, deambulamos entre comidas, mochilas a tiempo y perdidos entusiasmos a la hora de la intimidad. En las oficinas, no nos ven, sino como una amenaza a la hora de los ascensos y los embarazos.
En la calle, no nos ven, porque ya cumplimos cuarenta, hemos engordado o adelgazado, y traemos esa sombra de exigencia autoimpuesta que nos cuelga de las espaldas.
En los gritos, no nos ven, somos niñas, mujeres, madres, abuelas invisibles.
Y en esta cultura del hacer, en la que competimos día tras día, nos descalifican en el masivo oprobio del "pero"; sí, es fantástica, PERO... En el temor, el sistema se cuelga de facilidades lingüísticas: la palabra "competencia" siempre va ligada a pantalones...
Los escritores, ocultan el libro de las escritoras, lo omiten, lo invisivilizan. Así, en todos los lugares.
Sólo cuando morimos tenemos estatus: como ella no hubo. "La que no está", es siempre visible ante la que está.
Pablo Simonetti, escritor
La discriminación de las minorías sexuales se da en todos los estamentos de la sociedad. Desde el colegio, donde los niños son molestados por sus compañeros con la anuencia de los profesores, pasando por las personas que deben ocultar su orientación para conservar sus trabajos, hasta quienes temen abrirse con su familia y amigos, con el miedo de perder el amor de los suyos. Se discrimina también a todos Los/as Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans (GLBT), al no reconocer su derecho al matrimonio, transformándolos en ciudadanos de segunda clase. Por último y quizás nuestro pecado más oscuro como sociedad, es que los GLBT están privados de cualquier tipo de poder político, una privación que redunda en su imposibilidad de contribuir al engrandecimiento de nuestro país.
La ley sería una forma de educación. Los homofóbicos no dejarán de serlo sin medidas coercitivas. No les interesa perder su posición de poder, no les interesa conocer un mundo al que temen. Y sería una manera de devolverle el orgullo a tantos y tantos miles que viven resentidos con una sociedad que ni siquiera les permite vivir en plenitud su intimidad.
Claudio González, actor integrante de Genera
Por supuesto que existe discriminación en Chile. Un entorno geográfico tan determinante como el nuestro nos hace ver lo distinto con una percepción negativa y crea un caldo de cultivo propicio para que la discriminación tenga lugar. Cada uno vive aislado en su pequeño entorno, en su propio mundo y lo que no forma parte de él es ajeno y queremos excluirlo. No tolerarnos ni queremos que lo distinto tenga cabida en nuestro metro cuadrado. En todo tipo de términos: raciales, sexuales, políticos y el más común de todos y que siempre ha existido el económico – social. ¿Será que el ser chileno va de la mano con ser discriminador?
Me imagino que la discusión y una ley para evitar la discriminación siempre son positivas y hablan muy bien de quienes tenemos las intenciones de vivir en un lugar más transparente y equitativo. Pero apuntar el tema de la discriminación “solo” a una ley no es suficiente, es un cambio cultural que tomará generaciones enteras cambiar y que no veremos ninguno de nosotros. Si es un primer paso bienvenido sea, siempre y cuando el segundo tercero y cuarto no demoren en llegar. De lo contrario las buenas intenciones sólo se quedarán en eso.
Carolina Urrejola, periodista de canal 13 e integrante del Consejo Directivo de Genera
Creo que la discriminación más común es la de clases sociales. Ésta tiene varias dimensiones. Por una parte el lugar dónde vives determina en gran medida tus posibilidades de integración y de éxito. Así como el lugar donde te educaste; el color de tu piel; si tu apellido es mapuche; si eres mujer. Y si tienes más de 35 años, sobre todo siendo mujer, la pista se complica aún más.
Obviamente los países que han tenido éxito en la lucha contra distintos tipos de discriminación son los que han tomado acciones decididas desde el Estado. Leyes claras. Entonces, el ideal es que las sociedades se autorregulen y avancen hacia una integración que finalmente debiera ocurrir por un asunto de humanidad. Pero ya que eso no es así, entonces es el Estado a través de sus mecanismos el que debe asegurar que la cancha seas cada día más pareja. Una ley clara contra la discriminación y un criterio colectivo de integración son, a mi juicio, las claves.
Erika Olivera, maratonista
La discriminación en nuestro país se marca bastante en todo lo relacionado con lo social. Por ejemplo, hay una gran diferencia entre la riqueza y la pobreza, o sea hay algunos que ganan mucho dinero, sus hijos estudian en las mejores universidades fuera del país, sus vacaciones son en los mejores centros turísticos y reciben la mejor atención en salud. En cambio, hay otros que no tienen ni siquiera para comer un pan, no tienen estudios, ni la posibilidad de salir de vacaciones, y a veces no cuentan incluso con una piscina pública. En los hospitales los tratan como cualquier cosa porque no pueden pagar por una atención digna. Todo eso los hace sentirse totalmente discriminados.
No creo que ninguna ley ayude a cambiar las conductas discriminatorias, porque hasta en las leyes, muchas veces encuentras algún tipo de discriminación.

