Con participación se logra una ciudad más justa, segura y amable
Lake Sagaris*
- ¿Cuáles han sido sus principales logros al ejercer control social en el ámbito urbano?
- Con los años de trabajo en el mundo urbano, hemos logrado importantes cambios en términos de proyectos públicos (la construcción de una nueva calle Pío Nono, por ejemplo, fue una iniciativa netamente ciudadana en su origen) y privados (el Patio Bellavista, que nació de un trabajo comunitario). También hemos logrado cambios de ordenanza para, por lo menos en el papel, combatir el ruido y el deterioro ambiental de nuestros espacios de vida y de convivencia.
Notamos un avance significativo en el tema de la planificación urbana en las autoridades, en cuanto a la calidad y la jerarquía de los profesionales a cargo. Cuando nosotros partimos en Bellavista, la Vega, Independencia y Pedro de Valdivia Norte, éramos prácticamente las únicas comunidades urbanas involucradas en los grandes temas de la sustentabilidad urbana. Hoy hay muchas organizaciones y grupos ad hoc y celebramos este crecimiento, porque estimamos vital la participación de mucha gente, con organizaciones y planteamientos de gran calidad, para lograr una ciudad más justa, más verde y más amable.
- ¿Y cuáles han sido las mayores dificultades y resistencias?
- La fiscalización es tremendamente deficiente. A estas alturas, queda claro que es un problema de voluntad en muchos casos, pero también de competencia y de corrupción. Estos problemas tienen una solución que tiene que partir en la transparencia necesaria y la integración plena de la fiscalización ciudadana en todas las etapas de gestión de normas. Al mismo tiempo, quedan temas contundentes en términos de la Ley General de Urbanismo, o el Plan Regulador de Santiago, que están siendo elaborados sin la debida transparencia y participación ciudadana. Hay una actitud que pocas veces se explicita: que la ciudad es para los poderosos, los que tienen dinero, sean esto los automovilistas del barrio alto o las inmobiliarias que buscan ganancias a corto plazo, dejando desastres urbanos que todos terminamos pagando. El gran prejuicio anti-ciudadano y particularmente contra las juntas de vecinos -institución que debería formar parte del sistema de planificación-, es una barrera contra una mayor transparencia y decisiones más democráticas en lo urbano.
- ¿Cómo evalúas el valor de la organización para lograr incidir en las políticas públicas?
- La organización es esencial, pero es sólo el principio. Hay que buscar soluciones y metodologías innovadoras. Hay que jugársela, salir de la parada de víctima y pasar a ser protagonista. Nunca hay que permitir que una autoridad – por bien intencionada que puede ser – defina la participación ciudadana. Nuestra participación democrática la debemos definir nosotros/as, los ciudadanos/as, con dignidad y con mucha persistencia. En el tema urbano, esto pasa por transparentar los procesos de entrega de permisos de construcción, patentes de alcoholes, cambios en los planes reguladores, la fiscalización, y las leyes y ordenanzas a toda escala. No hay ciudad sin ciudadanos/as. Y la participación a nivel urbano no es menos que la democracia.
*Lake Sagaris, presidenta de Ciudad Viva |