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“Las personas no están preparadas para hacer uso de sus derechos en salud”*
*Ricardo Vacarezza, presidente Comité de Ética Clínica de la Sociedad Médica de Santiago y director de Bioética Hospital Salvador
- Diversos estudios indican la percepción de una mala atención en salud que incluye malos tratos o burocracia. ¿A qué atribuye estas falencias?
- Hay cuatro niveles de atención en el personal de salud: el trato médico, donde no hay una queja muy significativa, el de las enfermeras, que se caracterizan por un enfoque a la ética del cuidado, el nivel de auxiliares y paramédicos y por último administrativos, que es donde se concentra el maltrato. Eso sucede porque el personal de los servicios públicos de salud no es seleccionado, ya que hay muy malas remuneraciones y condiciones laborales, y un exceso de trabajo.
- ¿Qué impacto tendría la Ley que regula derechos y obligaciones del paciente, respecto de derechos humanos hoy consagrados en tratados internacionales que no se están haciendo efectivos en la práctica?
- Yo estoy muy de acuerdo con este proyecto de ley, pero no sé si es oportuno, porque la estructura sanitaria de nuestro país no tiene ninguna posibilidad de dar una respuesta correcta a esta ley. El AUGE no se está cumpliendo, sus listas de espera sobrepasan todas las normas legales. El servicio no está en condiciones de responder ni a la calidad ni a la oportunidad de la atención, ni ofrecer a los pacientes siquiera la privacidad a que tienen derecho. Los prestadores de salud tampoco están preparados culturalmente: la medicina ha sido tradicionalmente paternalista, partiendo por los médicos. Cuesta mucho aceptar que el enfermo tenga que empezar a tener participación en todas las decisiones. Y las personas no están preparadas para hacer uso de esos derechos. Uno trata de explicarles las enfermedades que tienen y la respuesta más frecuente es “usted sabe doctor, usted decide”. No hay una instalación sanitaria que pueda dar respuesta a todo esto y menos aún una ciudadanía preparada para exigirlo.
- La mayor disposición de las personas a reclamar, ¿favorece una cultura de respeto a los derechos?
- Creo que todos estos procesos tienen que madurar. Sin embargo hoy, el grado de información que se les da a los enfermos, el interés por hacerlos participar en las decisiones es totalmente diferente de lo que yo viví como becado. El respeto a los enfermos es muy diferente. Hace muchos años, nosotros teníamos obligación de hacer examen ginecológico a todas las mujeres que llegaban. Ahora no se concibe hacer un examen sin pedir la autorización. Eso implica un trato mucho más amable con el enfermo y más participación de su parte. Pero el proceso de que las personas asimilen la información y sean capaces a elaborarla de acuerdo con sus valores, está muy lejos de darse.
- ¿Hay una respuesta oportuna a esos reclamos, está incorporado en la gestión?
- Hay normas categóricas de que los reclamos deben ser respondidos: la oficina recibe reclamos, tiene un plazo para transmitirlo a quien corresponde y éste también tiene un plazo para responder. Yo creo que el incumplimiento de derechos en el sector público pasa fundamentalmente por el equipamiento del sistema de salud, la falta de personal y recursos. Y en el sector privado, el lucro también limita el respeto a los derechos: se limita el tiempo de atención, por ejemplo, borrando la ficha de la pantalla del computador cuando el tiempo se cumplió.
Los hospitales tendrían que reforzar su sistema de auditoría, revisando los procedimientos y las conductas permanentemente, lo que no se está haciendo bien. El sólo hecho de revisar qué está pasando con la gente que se muere: si se cumplió lo que se debía hacer, antes era parte del aprendizaje en todos los servicios de salud. Ya no se hace por falta de tiempo y por el éxodo de los profesionales al sistema privado, por una lógica de recursos. Aquí hay muchos médicos contratados por once horas semanales. Eso significa que vienen dos veces a la semana, no hay ningún compromiso con el servicio y prácticamente son funcionarios externos. Dejan de funcionar como servicio, como cuerpo organizado.
- ¿En los grandes temas como aborto terapéutico, muerte digna… es posible avanzar hacia una salud de derechos?
- En el ejercicio de la ética clínica, que se aplica en casos en particular, la ética va antes que la ley. Lo lógico es que una vez que el concepto ético está socializado, después va la norma, lo que no siempre pasa, ya que a veces entran en contradicción. Ahí se establecen posturas frente a temas como la píldora del día después, la fertilización asistida, qué hacer con el enfermo terminal y limitar o no el esfuerzo terapéutico.
Hay algunas cosas que se han ido aceptando, incluso desde el punto de vista jurídico, como la eliminación del esfuerzo terapéutico. Sin embargo, creo que hay un terreno en la intimidad de la relación médico paciente en el cual nadie se debe meter. Ni siquiera la ley. Uno ve situaciones tan dramáticas que no sabe cómo reaccionaría.
En el caso de la píldora, desde el punto de vista ético no se ha podido establecer si es o no abortiva. Lo que no nos parece es que la ética religiosa, basada en conceptos dogmáticos, pretenda ser aplicable a todos.
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