“Hay que tomarse en serio las políticas de participación ciudadana”¿Cómo interpretas lo que pasó en el sur a partir del terremoto?
Va a tomar un tiempo interpretar el fenómeno en toda su complejidad porque uno ha sido un testigo secundario y alejado del proceso y además intermediado por lo que los medios han presentado. En cualquier lugar del mundo un desastre natural de este tamaño trae aparejada una situación de desorden social, ya sea por falta de comunicación, por sensación de desorden a nivel político o porque toca a una población más vinculada a la utilización de violencia para resolver los conflictos.
Lo que vimos en el sur fue una desesperación mayúscula de la población que respondió, creo, a una respuesta lenta del gobierno, no tanto en cuanto a la ayuda, sino en términos de un liderazgo efectivo de las autoridades locales y nacionales, y a esto le sumas a que afectó además a sectores que son muy vulnerables, con altos niveles de pobreza y desempleo estructural. Además de todo esto, hay una mirada más profunda que tiene que ver con que toca a una sociedad mucho más individual, frustrada en la búsqueda de sus propios resultados, que en un primer momento no respondió de manera solidaria.
¿Los saqueos fue lo central de lo que podemos ver, o será que no se mostró que también había solidaridad?
No creo que haya habido un manejo comunicacional de lo que era, sino que era muy llamativo para lo que somos. Es un país que no se reconoce en lo que es. Parte del problema es que podemos vender el modelo, pero no comprarlo cien por ciento. En Coronel los niveles de alcoholismo son tremendos, los subsidios laborales para los mineros del carbón y sus familias han sido mal desarrollados. Hay muchos antecedentes que te permiten explicar el uso de la violencia como método para resolver conflictos.
¿Cómo se trabaja desde el Estado y la sociedad para evitar este tipo de situaciones?
Me parece que lo que ha sucedido tiene que generar una reflexión a largo plazo y no quedarse como un episodio, porque se vendrán movilizaciones sociales por una serie de demandas y la respuesta de sacar a los militares, si bien fue oportuna en este caso, no es la respuesta en todo orden. En los países donde ha desaparecido el Estado de bienestar y se ha inculcado un modelo individualista de desarrollo, estos focos de violencia no son poco frecuentes. Ciertamente hay que focalizar las políticas de una forma de disminuir estos niveles de desigualdad y evitar que puedan suceder estas explosiones de violencia.
¿Cuál debiera ser el rol de la ciudadanía?
Hay que tomarse en serio las políticas de participación ciudadana. Soy bien crítica al sistema de fondos concursables como mecanismo de fomento para la participación ciudadana, y que esta participación se entienda como una entrega indirecta de plata para actividades puntuales. Hay que buscar mecanismos más efectivos, que parten de un proceso de descentralización. Parte de los problemas que vimos en el sur es que mientras la Presidenta no indicaba qué hacer, no pasaba nada y tenías a una alcaldesa haciendo críticas, lo cual sólo muestra más desgobierno. Tiene que haber una política de participación comunitaria mucho más sólida desde los gobiernos locales. Esto es importante sobre todo en aquellos sectores más vulnerables. Ahí hay un débito importante.
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