EDITORIAL
Cada cierto tiempo la naturaleza nos obliga al sano ejercicio de mirar lo que somos. Y es que el terremoto del Bicentenario desnudó un Chile oculto e invisibilizado, un país que tras sus éxitos esconde importantes debilidades.
Más allá de los saqueos, de la tardanza en la respuesta y de las cuestionables reacciones de algunas autoridades, el terremoto y el tsunami hicieron emerger falencias claves en nuestro país, entre ellas el sentido de comunidad.
A la hora de la reconstrucción, del "arriba Chile", cabe preguntarnos que tipo de sociedad-país queremos ser: una reunión de individuos que compartiendo aspiraciones y temores logra un cierto orden social, hasta que la oportunidad hace al ladrón o, aquella comunidad de intereses que, a pesar de las negligencias de unos y el aprovechamiento de otros, reconstruye el tejido social desde la cooperación y la participación.
María Eugenia Díaz M.
Directora Ejecutiva Genera |