Abril 2009
genera debate
Ciudadanía en Movimiento
pedro guell

Pedro Güell*
“A muchos les resulta más deseable un ágil procedimiento burocrático que una activa política ciudadana”

*Doctor en Sociología, Decano Facultad de Ciencias Sociales Universidad Alberto Hurtado, Investigador del Informe sobre Desarrollo Humano en Chile del PNUD.

Hoy vemos un impulso ciudadano en diversas demandas por participación en decisiones locales, por temas medioambientales y de consumo, ¿Cree que este fenómeno puede tener algún impacto en las prácticas de diálogo y respeto que requiere una democracia de calidad en Chile?

En general, se trata de manifestaciones expresivas de malestar ciudadano frente a derechos que se perciben vulnerados. Es lo que vimos entre los estudiantes secundarios, los ciclistas, los motoqueros, las protestas ante el proyecto Hydroaysén, los subcontratistas del cobre y otros similares. Pero luego han tenido dificultades para pasar a la organización de su actividad y de sus demandas, y han sido débiles en su interlocución con el sistema político. Además les ha costado formar redes estables con otras organizaciones de la sociedad civil. En suma, se trata de un buen punto de partida y hay que estar optimista, especialmente si se le compara con el relativo inmovilismo ciudadano de los noventa. Pero aún falta un buen trecho para que ese impulso se transforme en un pilar de la democracia distinto y complementario con los partidos políticos. Las expresiones de malestar ciudadano sólo se transforman en diálogo cívico cuando transitan desde los fenómenos reactivos hacia los vínculos más estables y propositivos entre las organizaciones de la sociedad civil y las diversas instancias del sistema político.

¿Cuáles son los temas emergentes que despiertan el interés ciudadano? ¿Qué tendencia puede esperarse en ese sentido?

La tendencia es que los nuevos movimientos estén movidos por las necesidades de los individuos y no por ideologías globales. En este sentido se hace más difícil politizarlas, y es lo que explica en parte lo que describíamos en la pregunta anterior. Creo que las nuevas demandas son básicamente de tres tipos. Primero, una demanda por libertad, entendida como ausencia de restricciones para realizar el proyecto de vida que cada uno ha escogido. Los temas de la vida privada, del derecho de expresión, de la tolerancia, de la cultura se ubican aquí. Segundo, la demanda por estándares básicos de protección social y de calidad en los servicios públicos y privados. Aquí están los temas de salud, trabajo, previsión, vivienda, educación, alimentación, seguridad ciudadana. Estos temas se enfocan crecientemente desde la perspectiva de los derechos del consumidor. Tercero, la demanda por derechos de tercera generación, tales como el derecho a la información, a un medioambiente sano, a la participación, a la expresión de las identidades, a una justicia imparcial. Estos movimientos siguen una tendencia que es mundial. En el caso de Chile, creo que seguiremos viendo todavía por algún tiempo largo movimientos sociales centrados en la expresión de malestar ante los abusos, del tipo que hemos visto recientemente frente a la impúdica colusión de las cadenas farmacéuticas. El que esto sea así, se debe a las propias inercias de una sociedad civil que está muy fragmentada y es efímera en sus acciones, a un sistema político anquilosado y sordo a esas nuevas demandas y a un mercado que tiene más respeto por sus ganancias que por los derechos de consumidores y trabajadores.

Siguiendo el planteamiento del último informe de Desarrollo Humano, ¿De qué manera una ciudadanía organizada, informada y participativa podría contribuir a mejorar la relación entre los diversos actores sociales en torno a los asuntos públicos?

Creo que en el caso de Chile lo clave es la construcción de un espacio público que articule dos dinámicas que suelen correr por vías paralelas. Por una parte, la inevitable y deseable pluralidad de demandas de los ciudadanos individuales y de los grupos sociales. Por la otra, el trabajo propio del sistema político que consiste en organizar, representar y traducir en respuestas institucionales esas demandas. Ese espacio público es muy débil aún. Es difícil pensar que en el corto plazo sea el sistema político el que tome la iniciativa para su fortalecimiento, entrampado como está en las tendencias oligarquizantes a la que lo empuja el sistema binominal. Es por esto que en Chile la sociedad civil tiene un desafío de proporciones: construir un espacio de deliberación pública frente al cual el sistema político tenga que reaccionar y acercarse. Un paso clave para eso es la creación de lenguajes y espacios que permitan que los ciudadanos puedan intercambiar sus experiencias, agregarlas en propuestas con capacidad de inclusividad y vincularlas propositivamente a derechos.

¿Qué aspectos identitarios de nuestra cultura favorecen o limitan la participación por temas comunes?

Los obstáculos históricos a la participación ciudadana en Chile son una evidencia repetida en la vida diaria: las personas creen que el Estado les solucionará sus problemas si lo piden por favor y de a uno en alguna ventanilla; los funcionarios del Estado, especialmente los tecnócratas, creen que la participación sólo enreda las cosas; y todos juntos le tienen un enorme temor a los conflictos. En esas condiciones a muchos les resulta más deseable un ágil procedimiento burocrático o un amable compadrazgo que una activa política ciudadana.

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