| Editorial
La reacción ciudadana en rechazo a la colusión de las farmacias es otra muestra de lo que viene sucediendo en nuestro país hace un tiempo: cada vez son más las personas dispuestas a alzar la voz y menos las que esperan pasivamente que el Estado resuelva los déficit en relación a sus derechos y calidad de vida.
Así pasó cuando se pretendió aprobar una ley de urbanismo y construcción a espaldas de las organizaciones barriales, cuando un tribunal prohibió la anticoncepción de emergencia, o con el extenso movimiento pingüino que reclamó por la calidad de la educación pública. Con la ayuda de internet, más información y nuevos bríos, buscaron equilibrar los balances de poder que favorecen a algunos. Y su voz se reprodujo en diversos medios de comunicación, que ya no pueden tapar el sol con un dedo.
Pero estas mismas experiencias han develado las trabas para generar cambios concretos en las políticas públicas. Sin duda necesitamos mejorar nuestras estrategias y seguir desarrollando la capacidad de actuar de manera colectiva en torno a agendas comunes.
Esperamos que cada vez sean más los asuntos públicos que “prendan” en la ciudadanía. Y que logremos –con el concurso de todos/as- avanzar en una cultura democrática que favorezca el diálogo político y ciudadano necesario para una mejor convivencia y protección de los derechos en nuestro país.
María Eugenia Díaz
Directora Ejecutiva
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