El actual apoyo a las Pymes es el más sustantivo en la historia de Chile
Ricardo Ffrench Davis
Economista y Asesor Regional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La última Casen reflejó un mejoramiento del Coeficiente Gini, que mide desigualdad. ¿Cómo evalúa este avance?
Lo que nos dice la Casen es sustantivo en pobreza y modesto en distribución del ingreso, pero al menos es una mejora. Durante mucho tiempo nos movimos en la dirección opuesta. La gran herencia de desigualdad de los ‘80 se mejoró a comienzos de los ‘90, se echó a perder del ‘99 al 2002, y ahora tenemos cierta mejoría. Esta información nos dice que debiéramos estar contentos de los avances, pero muy insatisfechos por el nivel en que estamos. Chile debe hacer un esfuerzo mucho más intenso para reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso, y eso requiere cambios estructurales. Debe existir crecimiento y equidad en el sistema económico al mismo tiempo. Eso significa hacer correcciones al sistema tributario, al mercado de capitales para que las platas del país estén poniéndose en desarrollo productivo, mayor aporte a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), a los jóvenes que quieren emprender…cambiar el financierismo por productivismo, que da empleo.
Pero además, ¿Se puede avanzar en políticas que ayuden a distribuir mejor?
El desarrollo de las Pymes significa el progreso de cientos de miles de empresarios medianos, micro y pequeños, que son parte del 60% de ingreso inferior del país. Y ahí está el grueso del empleo formal. Entonces, la forma de generar equidad en el país es no sólo repartiendo plata después de que el sistema económico crea pobres, sino evitando que genere tantos pobres, y ése es el papel del apoyo a la Pyme: para que haya más empresarios, muchas microempresas y mucho más trabajadores que tienen un mejor trabajo a través del tiempo.
¿Y no es necesario un cambio más profundo, a nivel cultural?
Ese tema ha salido en algunas publicaciones recientes y es muy clave. El ideal sería tener un cambio cultural…pero no podemos esperar un cambio cultural, porque eso es un proceso largo, al igual que no podemos esperar a que la educación rinda sus frutos. En el intertanto, tenemos que hacer cambios en lo económico, lo tributario, el mercado de capitales, el apoyo a las Pymes. El paquete que anunció la Presidenta en ese sentido, es el programa más sustantivo del cual hay registro histórico en Chile. Lo que es muy importante, es la combinación de gasto social y una agenda de desarrollo productivo, mercado de capitales e innovación.
Los programas de superación de la pobreza han sido criticados por sus dificultades en el diseño y fallas en la descentralización. ¿Cuál es su visión?
Creo que Chile Solidario es un programa muy sustantivo. Nada es perfecto, pero es un buen avance. El Gobierno lo echó a andar a pesar de estar en un momento de recesión, crítico en lo económico, lo cual es muy meritorio. Ha ayudado a que parte de los chilenos salgan de la pobreza y la indigencia, y eso es muy positivo. Creo que – al margen de imperfecciones- hay críticas que son simple politiquería.
Entonces le parece que las políticas de la Concertación han estado bien encaminadas…
Sí…con más fuerza, coherencia, revisión de la calidad de los programas para que permanentemente los estemos mejorando. Sin duda puede haber mejoras en educación, salud, Chile Solidario, Chile Barrio. Pero hay un esfuerzo sustantivo de la sociedad chilena en esos ámbitos, y lo que nos falta es el ámbito previsional, con el pilar solidario, ya que con un sistema de capitalización, capitalizan sólo los que tienen buen ingreso. Y desarrollo productivo, porque ahí hemos sido débiles, debiéramos tener más fuerza, y en ese sentido fue el anuncio de la Presidenta.
En cuanto al salario mínimo, surgió la discusión de si éste mejora las condiciones sociales o desincentiva la contratación, ¿cuál es su opinión?
Indudablemente, en una economía en desarrollo como Chile, es un instrumento que ayuda, pero no en cualquier rango. Pero el alza reciente ayuda a una parte importante de los chilenos que están por el 20% de pobres. No afecta a los trabajadores que ganan más, pero ayuda a empujar hacia arriba, dentro de rangos realistas. Es decir, el nivel al cual se llegó me parece razonable. Eliminar el salario mínimo, que es la propuesta neoliberal, me parece profundamente antiigualitario. Es decir, dejas sin instrumentos de defensa a un porcentaje importante de los chilenos, y a lo mejor eso significaría meter a muchos bajo la línea de pobreza. Si les bajas el ingreso a cien mil pesos, quizás algunos adicionales encuentran empleo, pero una parte importante de los cerca de 700 mil trabajadores chilenos que están ganando el mínimo, 10% de los trabajadores, pierden mucho para que unos poquitos ganen.
¿Qué se puede esperar de la tendencia a la expansión en gasto social ante un eventual gobierno de derecha?
Bastantes retrocesos, supongo. Basta ver lo que algunos de ellos están proponiendo: repartir la plata. Y sabemos que cuando la plata se reparte, los servicios sociales se deterioran. Es un retroceso al siglo 19. Sus propuestas son, en general, muy regresivas. En el tema tributario, por ejemplo, proponen repartir la plata pero bajar los impuestos, pero si bajas los impuestos no tienes plata que repartir. Y estás dando más a los que tienen, bajando el impuesto a las empresas, a la renta, incluso el IVA. El 20% de los chilenos pagan 55% del IVA, y por lo tanto, si lo bajas, a 20% le estás dando 55%. También proponen usar las platas del cobre en eliminar el impuesto de Timbres y Estampillas: el 2% de las empresas chilenas acaparan el 85% de ese impuesto. Abrumadoramente regresivo. Y en el Gobierno, peor, si lo ganan -con demagogia-, será todo lo regresivo que pueda ser, acercándose a lo que fueron las políticas de Pinochet, que nos dejó la gran herencia de desigualdad, con un 45% de pobres. Con la misma medición, hoy día tenemos 13%. Ya vimos que el neoliberalismo no ha tenido crecimiento: tiene unos años buenos y unos pésimos, entonces la suma de éstos da un poquito de crecimiento, y eso es insuficiente. En los 16 años de dictadura tuvimos un crecimiento de 2,9% y en los primeros 16 años de democracia fue de 5,6%, lo que hace una diferencia enorme.
|