La única alternativa es que nosotros mismos promovamos la ciudadanía
Francisca Márquez, antropóloga Universidad Academia de Humanismo Cristiano
¿Qué actitudes dan cuenta de la instauración de valores democráticos en Chile?
- Hoy uno ve la instalación de ciertas expresiones democráticas mucho más claras y sólidas que a principios de este siglo. En el mundo rural y urbano se han ido instalando conductas y actitudes que pasan del simplemente informarse sobre lo que se está decidiendo sobre sus propias vidas, a una actitud de demanda pero también un reclamo más activo y propositivo. Se ve en la cantidad de asociaciones de vecinos que a partir de problemas muy puntuales comienzan a preguntarse por la incidencia del mercado inmobiliario en sus vidas, y de ahí finalmente increpar sobre el ejercicio de derechos a nivel local. Algo bastante transversal en términos de clases sociales. Estamos enfrentados a una ciudadanía que se informa mejor, que lee la letra chica, que progresivamente pierde el miedo a ejercer el derecho no sólo a estar informado, sino también a decidir, y presionar para que los plazos se extiendan, porque los plazos que establece el Estado hoy no dejan espacio a la reflexión.
¿Cómo se construye el respeto social, es decir, desde las políticas del Estado?
- Un principio básico para una política social que trabaje en los términos de la construcción del respeto al otro -y por lo tanto el reconocimiento de sus habilidades y capacidades en el ejercicio ciudadano-, es un Estado que más que pequeños programas, se piensa a largo plazo. Para ello es necesario reconocer, por ejemplo, la dinámica y manera de dialogar propia de cada entorno y localidad en la toma de decisiones. La primera condición es superar la lógica del proyecto cortoplacista y pensarse en términos de modelo, de sociedad, de programa. Porque hoy tenemos un Estado que se piensa muy en el presente y por lo tanto, tiene dificultades para dialogar con la ciudadanía como una relación permanente y constante. No hay un mecanismo donde esa alteridad del respeto mutuo pueda tomar fuerza.
¿Cómo es nuestra identidad respecto de estos valores democráticos? ¿Quizás no hay consenso en cuáles son y cómo practicarlos?
- Creo que hay un temor al conflicto y la confrontación entre posiciones divergentes, que nos quedó arraigado porque se castigó duramente. Eso está en la base de esta tendencia a decir las cosas de una manera tal, que finalmente no se dicen mucho. Esas maneras tan a la chilena, como pasó con la nulidad en vez del divorcio por tantos años, creo que es temor a saberse una sociedad que no se rige por los mismos valores, pero tiene mucho apego a la institucionalidad asentada y al control que ésta ejerce sobre nuestras vidas. Entonces el resto tiende a ser fagocitado por este discurso muy homogenizador, y no nos reconocemos en esta diversidad amablemente porque no hemos incorporado el respeto al otro diferente. Vemos el ejemplo del Transantiago, que en otros países hubiera despertado la ira de las personas. El chileno rehúye el debate, hace largas filas, muy disciplinados y obedientes, actitud que nos juega una mala pasada al momento de discutir cuáles son esos valores básicos que nos debieran regir el ejercicio ciudadano. Y creo que lo que nos atemoriza tanto es que como chilenos no tenemos muy claro quiénes somos ni quiénes queremos ser.
¿No debiera haber políticas más activas para el desarrollo de la ciudadanía?
- Uno podría decir que la educación es una instancia privilegiada para instalar esos valores… pero también hay una práctica más cotidiana que tiene que asentarse, no necesariamente de la institucionalidad. Y tiene que ver por ejemplo, con el mercado del trabajo: con el respeto a las normas laborales y jornadas que permitan siquiera pensar en el ejercicio democrático. Tiene que ver con el reconocimiento de los derechos sexuales de las/os adolescentes. Tiene que ver con, al menos, velar por el cumplimiento de ciertos derechos básicos, con el ejercicio de las libertades individuales y el principio de la tolerancia. Yo pienso que hoy el Estado no lo va a promover y la única alternativa es que seamos nosotros mismos, como lo han hecho mapuches y pescadores artesanales… creo que esto va a cambiar “por abajo”, lo que también puede ser muy bueno y mucho más esperanzador.
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