Hay una ciudadanía de reivindicaciones más que de participación política
Manuel Antonio Garretón*
Se cumplen 20 años desde que Chile recuperó sus instituciones democráticas… ¿Cómo ve la recuperación del sentido de ser ciudadano, de la “sustancia” de la democracia?
Creo que esa “sustancia ciudadana” requiere una base de igualdad respecto al ejercicio real de los derechos que permiten ejercer la ciudadanía con calidad: acceso a una educación de calidad, a la salud y los derechos básicos. También requiere pluralismo en el acceso a la información y hoy no se da. Hay una baja participación en las elecciones y no tenemos una buena ley que permita la participación popular a nivel local, regional o nacional en las tomas de decisiones. La ciudadanía es la pertenencia a una comunidad política, lo que parte por la lealtad a la institucionalidad y la Constitución. Pero este país no tiene una Constitución democrática, por lo que el acto fundamental en que se constituye la ciudadanía -el momento constitucional de un país-, no ha tenido lugar en Chile. Entonces se trata de una ciudadanía restringida que a través de sus representantes no puede hacer cambios importantes ni en la Constitución ni en el modelo económico social, porque se requiere ciertos quórum, imposibilitados por el sistema electoral binominal. Hoy el concepto de ciudadanía está tergiversado por una Constitución y un sistema económico social que no garantizan la igualdad básica y la participación en las decisiones.
¿Hay nuevas formas de ejercer ciudadanía y hacer política?
- Creo que hay una explosión de aspiraciones ciudadanas pero que muchas veces son particulares y no tienen el correlato de un deber. Por ejemplo, se reclama de la política, pero se dice que el voto debe ser voluntario. El voto voluntario es la idea de la anti- ciudadanía. La participación es un deber, no sólo un derecho. Y en ese sentido, hay una ciudadanía de reivindicaciones más que de participación de los asuntos de la polis, y eso tiene que ver con la institucionalidad política en que la gente siente que no tiene incidencia en la decisión respecto de sus representantes, porque vienen designados y el sistema electoral sabe quiénes serán los elegidos. La ciudadanía busca lo que la política no da, por la institucionalidad heredada de un modelo político económico que aplicó la dictadura y reconocía básicamente consumidores y súbditos, no ciudadanos. Hoy hay un estallido en la autoafirmación ciudadana, pero sin instituciones que respalden dónde se puede ejercer esa ciudadanía. No hay incentivo a la participación política.
¿Cree que se pueda avanzar hacia un “Gobierno Ciudadano”?
- La idea de “Gobierno ciudadano” fue buena en la campaña presidencial, pero tuvo una muy mala implementación: sus miembros se nombran a dedo, sin un sistema de representación, emiten informes que no son vinculantes y son creadas para resolver un conflicto. Hay que insertar estas formas de participación en un sistema institucionalizado.
Se critica un hiper presidencialismo y la restricción de la labor parlamentaria… ¿Qué modificaciones nos permitirían avanzar hacia una mayor calidad de la política?
- Más allá de la reforma absolutamente indispensable del sistema electoral binomimal, hay que crear espacios de democracia local y buscar una fórmula para tener autoridades regionales elegidas. Eso permitiría fortalecer una clase política propia y autónoma, lo que hace la vida cotidiana de la gente más cercana a la política. Por otra parte, faltan instancias de participación de la comunidad en las decisiones; no voluntarias sino reguladas. A nivel nacional, es necesaria la corrección del excesivo presidencialismo y que haya funciones reales del Parlamento, y al mismo tiempo, falta la figura de vicepresidente, para que se pueda hacer la distinción entre Jefe de Estado y de Gobierno. Finalmente, hay que eliminar cualquier financiamiento de la política por la vía privada. No sólo tiene que haber financiamiento de las campañas, también de los partidos. La fórmula alemana es interesante: cada partido tiene que tener una fundación, financiada públicamente, con tareas de investigación y formación civil. Eso debiera asegurar una cierta igualdad en el acceso a recursos y conocimientos. Por último, un problema que está afectando la calidad de la política en todos los países del mundo es la lógica mediática por encima de la lógica de la representación. Se valora la acción política del mismo modo que se valora una noticia: no estar en los medios es no existir. Y eso es especialmente grave cuando se tiene una alta concentración de los medios de comunicación. Los medios debieran tener ciertas obligaciones con el pluralismo. No tenemos las instituciones, las normas ni la cultura para jugar en la democracia mediática.
* Manuel Antonio Garretón, sociólogo, politólogo y académico de la Universidad de Chile |