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  Entrevista a Irma Palma

Hoy está en juego el derecho a decidir en la salud sexual y reproductiva

irma palma

Irma Palma,
Psicóloga experta en sexualidad y académica de Universidad de Chile.

¿Cuál es el lugar que ocupa la llamada “píldora del día después” en la historia de la salud sexual y reproductiva?
La tecnología anticonceptiva que se difundió en los años 60, permitió separar la sexualidad de la reproducción de una manera eficiente. Luego se fue desarrollando una cultura preventiva de uso de tecnología anticonceptiva médica. Ambas tecnologías –la anticonceptiva clásica y el condón- operan con un mecanismo de anticipación a los actos sexuales. En cambio, el surgimiento de la tecnología de la anticoncepción de emergencia ya no opera en la anticipación, sino ex post y tiene la capacidad de prevenir embarazos no previstos. Desde ese punto de vista es una maravilla. Mi impresión es que en el futuro la mejor tecnología será la más próxima a los actos sexuales - antes o después-, y de la mayor autonomía para los individuos: la que pueda usar una mujer o un hombre antes o después del acto sexual.

¿Por qué existe una percepción diferente respecto de las pastillas tradicionales?
En mi opinión, el dilema moral no es tanto el aborto… es que la anticipación se asoció a un sentido de responsabilidad respecto de la sexualidad. Anticiparse fue lo que aparentemente hace a la sexualidad responsable. Ese mecanismo moral de articulación es muy complejo, y la discusión hace muy poca referencia de eso. Y la píldora no cumple con la anticipación. No evita el riesgo, evita el daño.

¿Cómo se da hoy el debate al respecto en Chile y el mundo?
Ahí hay un elemento muy interesante, porque debaten fundamentalmente la Iglesia Católica, los gobiernos y centros médicos que producen conocimiento científico. Pero si antes la Iglesia Católica ponía la discusión moral y los otros ponían los elementos científicos, hoy día la iglesia argumenta científicamente y se vuelve “experta” en información médica. Por otro lado, creo que cuando un elemento se incorpora en la cultura con mucho sentido y legitimidad, como es la anticoncepción médica, es muy difícil de modificar, porque la sociedad aparece como en retroceso. Y también se incorpora otro elemento al debate: la ciudadanía.

¿Cree que es una ciudadanía conservadora?
Yo no creo que en Chile haya una sociedad conservadora: hay instituciones y partidos políticos conservadores, pero lo que hay en mi opinión es un desajuste entre los discursos y las prácticas. Las prácticas se han modificado rápidamente en la sociedad chilena, y los discursos institucionales, mucho más lento y con mayor conflicto. Y a diferencia del pasado, la iglesia no se dirige a las personas, sino al Estado. Hoy busca inhibir al Estado en las políticas públicas en este campo. Y hoy las personas construyen su propia capacidad ética, con menos apego a las instituciones.

Este enfoque de la iglesia a las políticas públicas, ¿no es peligroso en términos de lo que es un Estado laico?
El Estado laico en Chile no está plenamente asegurado. Tenemos una experiencia de autoritarismo que justo coincidió con los procesos de instalación de políticas en el campo de la salud sexual y reproductiva en el mundo. Y por otro lado, el retorno a la democracia fue un proceso muy negociado y que muestra las debilidades políticas en este campo. A quienes participamos a fines de los 80 en las comisiones para el programa de la Concertación, nos parecía obvio que en el retorno a la democracia, al menos el aborto terapéutico iba a ser despenalizado en Chile. Sin embargo, fue un debate donde el cruce con los derechos humanos fue muy complejo. El Estado chileno no ha reconocido los acuerdos internacionales en materia de derechos sexuales y reproductivos. Esa es una opción y responsabilidad de los gobiernos de la Concertación, que no han tenido una ciudadanía con la cual establecer alianzas en ese campo.

¿Quizás aún existe confusión en la ciudadanía con este dilema moral?
Yo comparto la crítica que han hecho algunos ministros sobre la dificultad de concepción de ciudadanía. En la primera manifestación contra el fallo del Tribunal Constitucional éramos 40 personas. En la siguiente éramos 500. Eso es inconcebible en nuestra sociedad, ante la gravedad del problema y la disposición favorable del Gobierno ante éste. Pero los movimientos de mujeres están muy debilitados, a pesar de los esfuerzos que se hicieron. Y los partidos políticos han jugado un muy mal papel. Ninguno de los partidos laicos de la concertación ha asumido el tema en su importancia, y además han sido de una falta de solidaridad inaceptable con la Ministra Soledad Barría. Yo creo que ellos hace rato no conectan ni con causas ciudadanas, ni con el esfuerzo del Gobierno, y no quisieran entrar en conflictos con la iglesia católica, probablemente pensando que podría ser conflictivo en términos de electores, y yo creo que es al revés.

¿Cuál es el tema de fondo? ¿Qué derechos están en juego?
Para mí, es el derecho a la decisión en las materias vinculadas a la salud sexual y reproductiva. En términos ciudadanos, la libertad de elección. En términos éticos, los derechos de las personas como parte de los derechos humanos. Y el elemento de equidad tiene que ver con que los Estados deben generar las oportunidades para que las personas que quieran, puedan acceder.

¿Qué efectos podría tener este fallo?
Un fallo contra la píldora del día después significa inhibir un desarrollo que aborda los riesgos en materia de sexualidad y reproducción. Yo estoy convencida que no es posible riesgo cero en el campo de la sexualidad, como en un conjunto enorme de prácticas subjetivo sociales. Ahora, los daños vinculados al aborto son cada vez más incomprensibles. Todos los desarrollos tienen que llegar a las personas, y la anticoncepción de emergencia opera justamente en riesgos materializados y daños a evitar. Y eso contribuía, si se instalaba en las prácticas subjetivas, a reducir el aborto inducido en la sociedad chilena.

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