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  Entrevista a Agustín Squella

“Cuando alguien se resigna a que sus derechos sean desconocidos, se perjudica primero a sí mismo y a la convivencia social”

Agustin Squella

Agustín Squella
*Profesor de Filosofía del derecho en las Universidades de Valparaíso y Diego Portales.

¿Cuál es su diagnóstico de las formas de ejercicio del poder en Chile?
En Chile, como en cualquier sociedad abierta de nuestros días, hay múltiples centros de poder. De poder político, desde luego, pero también de poder económico, financiero, militar, de los medios de comunicación, y poder incluso de organizaciones espirituales que en ocasiones sobrepasan el ámbito que les es propio y presionan indebidamente sobre la conciencia y el comportamiento de las personas.
En cualquier caso, lo que hay que hacer siempre con el poder, de cualquier índole que sea, es domesticarlo, limitarlo, puesto que todo poder tiene capacidad de causar daño a los individuos. Algo que enfatizo, puesto que en el discurso dominante ya por años entre nosotros parecería que el único poder que hay que limitar es el poder político.

¿Cómo el poder se convierte en ilegítimo y cuál es su impacto en aspectos como la inequidad social y otros ámbitos deficitarios de nuestra democracia?
Que un poder sea legítimo o no, depende de la calificación jurídica que podamos hacer de él y no de las apreciaciones subjetivas de las personas. Pero éstas también pueden y deben pronunciarse críticamente acerca de cómo el derecho organiza, limita y legitima el poder. 
Lo peor son los poderes que se ejercen en la sombra, sustraídos al examen por parte de la sociedad y al control por parte del derecho. Todos deberíamos recordar la invitación de un gran pensador liberal del siglo XX -Isaiah Berlin- cuando decía que tendríamos que actuar a plena luz en vez de salvajemente en la oscuridad.
Y en cuanto a la inequidad, yo prefiero llamarla desigualdad. No se en qué momento sustituimos en Chile la palabra "igualdad" por "equidad", la cual es muchísimo más blanda y difusa que aquella. A lo que Chile hace falta no es mayor equidad, sino mayor igualdad. Igualdad jurídica y política tenemos en una medida satisfactoria, algo que no puede decirse en cuanto a igualdad en las condiciones materiales de vida de las personas.

A su juicio, ¿el ejercicio ilegítimo del poder responde a la forma que está instituido el poder en Chile, o más bien a una cultura que tiende al autoritarismo?
Chile, desde la fundación de la República, ha sido un país autoritario y -lo que es peor- un país que aprecia el autoritarismo. Vean ustedes, por ejemplo, las prácticas de que se valió Portales para sacar del camino a los pocos liberales que había en Chile en los inicios de la República. Vean el excesivo presidencialismo de la Constitución de 1925. Vean el aun más acentuado presidencialismo de la Constitución de 1980. Pinochet bordeó el 50% de los votos en el plebiscito de 1988, después de 17 años de dictadura, y hasta hoy sigue siendo la figura que buena parte de la derecha chilena admira incondicionalmente.

¿De quién es la responsabilidad por los abusos de poder y qué medidas debieran tomarse desde el Estado?
Los primeros que deben reaccionar frente a los abusos de poder son los propios ciudadanos afectados, quienes deben disponer de las instancias y procedimientos públicos que les permitan una reacción oportuna y eficaz. Luchando por los propios derechos se lucha por el derecho en general y también por los derechos de los demás. Cuando alguien se resigna a que sus derechos sean desconocidos, se perjudica primero a sí mismo, aunque daña también al derecho como instrumento de convivencia social y de solución de conflictos y desalienta a otros que querrían luchar por sus derechos. Necesitamos también un poder judicial más independiente, tanto externamente (respecto de otros poderes) como internamente, con independencia de los jueces de base respecto de sus superiores jerárquicos en el propio poder judicial.

¿Detecta un cambio significativo en la actitud de los ciudadanos frente al abuso de poder?
Veo que se extiende una mayor conciencia de los derechos y de la conveniencia de hacerlos valer, lo cual es bueno para eso que se ha dado en llamar sociedad o gobierno de ciudadanos. Pero veo también que no pocos gremios y colectivos llaman a veces derechos a lo que son simples aspiraciones o, peor aún, defensas de intereses sectoriales o corporativos.  Tendríamos que ser capaces de promover e instalar una suerte de prudencia pública que nos permita discernir qué es lo mejor para el país y no para cada colectivo o persona en particular.

¿Cree que el sistema democrático, como está planteado, permite contrarrestar los abusos de poder?
La democracia que consagró la Constitución de 1980 fue una democracia deliberada y groseramente limitada por quienes impulsaron, redactaron y aprobaron ese texto constitucional. Y el proceso de reforma de esa Constitución ha sido demasiado lento. Recién en 2005 pudieron introducirse las reformas más importantes. Y todavía faltan otras, por ejemplo, en materia de derechos fundamentales, de quórums para aprobar reformas constitucionales y leyes orgánicas constitucionales, de plebiscito… para no mencionar la reforma todavía pendiente de un sistema binominal que no respeta la proporcionalidad y ni siquiera la regla de la mayoría.

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