La distancia económica entre los grupos sociales impide una base material para la integración social
Humberto Vega
Economista, Decano Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas Universidad Central, autor del libro recientemente publicado “En vez de la injusticia: Un camino para el Desarrollo de Chile del Siglo XXI”.
Usted participó en el programa de Gobierno de la Concertación, ¿Cree que fue un error que la desigualdad se abordara desde políticas orientadas a la superación de la pobreza?
Creo que fue una decisión conciente, pero debía ser transitoria. Desde un comienzo, la Concertación optó por un programa de crecimiento y equidad. Se logró crecimiento, se redujo la pobreza, pero no se vio el problema de la distribución del ingreso que era y es muy injusta, y no se vio el tema de la distancia económica entre los grupos sociales. Entonces no hay base material para la integración social. Las familias chilenas tienen más educación, salud y vivienda. Pero, como han progresado todas, la distancia económica y la desigualdad siguen igual.
¿Qué políticas de equidad y distribución fueron planteadas en ese momento?
Hacer una reforma tributaria para financiar el gasto social, y lo más importante, redistribuir los ingresos por fuera del mercado, en gasto social, pero sin intervenir en la distribución que genera el mercado. La única intervención fue en el mercado del trabajo, con una política muy agresiva de ingreso mínimo. Es decir, ir reajustando el ingreso de los más pobres más que la inflación y la productividad. Eso se ve en las cifras. Pero es muy insuficiente porque la incidencia de los que ganan ingreso mínimo es muy poca en el total de los ingresos de los trabajadores. Y por otro lado, en el mercado del trabajo se empezaron a generar grandes asimetrías dado que, por razones como el crecimiento del consumo y la oposición de los empresarios, el sindicalismo no tuvo el desarrollo que esperábamos.
¿Estima que hay una deuda de la Concertación en la regulación del mercado?
El pecado de la Concertación es de omisión: no ha hecho nada en materia de regular los mercados y corregir las asimetrías que generan las desigualdades. Cada vez está más claro que el factor principal del crecimiento económico es el conocimiento, entonces en la cadena de valor, los que se apropian del valor que paga el consumidor son los grupos monopólicos. El grueso de la población debiera tener ingreso y trabajo en una economía de mercado, pero las Pymes son invadidas en sus mercados por los grandes grupos. Entonces, hay una contradicción muy fuerte entre una sociedad que avanza, y una economía de mercado que no da respuesta. Por lo tanto, hay que poner límites al modelo de negocios de las megaempresas. Si los pequeños productores no tienen excedentes para generar valor e innovación, entonces esta economía va a perder dinamismo.
En cuanto al esquema tributario, ¿hay mucho que hacer todavía?
Yo creo que sí, que las grandes empresas que tienen el control de mercado, en algunos casos casi absolutos, deberían pagar más impuestos, en la medida que tienen más control de mercado.
Como punto de partida usted menciona la importancia de un “consenso ético”. ¿En qué debería consistir este consenso?
Creo que las ideas son muy importantes y mueven al mundo, por lo que tenemos que ponernos de acuerdo en las ideas. Muchos filósofos creen que la democracia necesita ciertos consensos éticos básicos, que llaman ética civil. Por ejemplo, decir que nadie puede morir de hambre o de frío en esta sociedad. Pero se puede avanzar más. Es lo que logró el ex presidente Ricardo Lagos en educación, un acuerdo social para lograr el objetivo de 12 años de nivel educacional. La idea de que los distintos grupos e ideologías pueden aportar a algo común, es algo que se expresó muy bien en el arcoiris. Y ahí hay una tremenda tarea que la Concertación ha realizado. Quizás no completamente, pero hay una gran diferencia entre lo que era Chile en los 80 y ahora. Pero hay una tarea pendiente, que es hacer justicia en el mundo de la economía, la sociedad y la cultura.
Usted explica el origen de la desigualdad con un enfoque histórico. ¿Cuáles son los grandes hitos?
Mi hipótesis es que en Chile hay una tensión de justicia que recorre toda su historia, y ésta se inicia muy temprano. Dieciséis años después de la fundación de Santiago se creó un impuesto tremendamente redistributivo, la Tasa de Santillán, que determina que la sexta parte de todo lo que se produzca fuera para los “naturales”. Los primeros 60 años de la historia de la Colonia son los intentos de los encomenderos por cambiar la Tasa de Santillán, hasta que se abolió. La encomienda es la institución económica social y cultural que hace a la sociedad chilena. Y es la explicación de la desigualdad, porque un encomendero es tutor y decide sobre la vida y muerte, los ingresos y consumos de sus encomendados. Hay una relación feudal en que se genera todo el patriarcado chileno. Después, cuando se transforma en latifundio, la relación con los inquilinos marca la relación capital-trabajo, incluso en el sector industrial.
Esta tensión hace que existan períodos de mayor equidad y justicia, y períodos de retroceso. Las políticas públicas son muy importantes, pero nunca ha habido un mejoramiento estable. Al ex presidente Lagos le tocó una economía internacional muy débil que trató de compensar, pero no fue a la fuente de la desigualdad. Y durante todo este tiempo se producía una concentración económica sin precedentes, tan grande que hoy el riesgo es que el Estado no pueda hacer sino lo que los intereses de los grupos económicos le permiten.
Hemos visto importantes tensiones sindicales en el último tiempo. ¿Dónde debieran apuntar las políticas en este sentido?
Creo que todos los problemas hay que enfrentarlos buscando consensos, para tener relaciones estables, viables. Y no creo que haya “malos”, sino gente que juega las reglas del juego, y el Gobierno es el responsable de preocuparse de la igualdad, de establecer límites, y ahí la clase política chilena ha sido tremendamente obsecuente con los grandes grupos.
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