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  Entrevista a Daniela Sánchez

Las políticas sociales deben ser de transformación de desigualdades y no solamente de condiciones socioeconómicas

Daniela Sanchez

Daniela Sánchez
Directora Departamento de Trabajo Social de la Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez (UCSH) y miembro del Consejo Directivo de Genera.

¿Qué opinión le merecen los programas sociales para enfrentar la pobreza y las desigualdades?
Las políticas sociales deben ser de transformación de desigualdades y no solamente de condiciones socioeconómicas. Los problemas de la pobreza son tan complejos, que requieren de una acción social profesionalizada y profesionalizante. Necesitan de una comprensión de un país que se integra tan desigualmente no sólo en lo financiero, sino también en los procesos culturales de la globalización a nivel regional y mundial.

Las políticas han avanzado, pero no logran la calidad exigible que quisiéramos para el grado de crecimiento económico que hemos tenido. Hoy se les pide calidad y una consistencia superior a cuando estábamos en niveles económicos inferiores. Por ejemplo, hoy no basta con el acceso a la educación, sino que se requiere calidad y que la persona pueda permanecer en los sistemas de educación. 

Entonces ¿De qué tipo de calidad estaríamos hablando?
Se requiere de políticas sociales de calidad que respeten y valoren a los diferentes actores que participan activamente, entre ellos, los activos sociales, municipios y  también las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que son un capital social importantísimo y que ha sido maltratado. Aquí hay una energía que se va a perder, ¿se ha pensado en eso? Toda la sinergia que se puede agregar con gente motivada y con organizaciones de la sociedad civil ágiles y flexibles, no se está aprovechando.  Se las juzga como si se hubiesen robado todos los millones del mundo, y eso no es así.

Recientemente en un programa de televisión se hizo una dura crítica al Programa Puentes, ¿qué opinión tiene usted de las posibles falencias en este tipo de programas? 
Las políticas tienen que tener una consideración de los distintos actores que intervienen en este tipo de programas. Hay que preguntarse por esa franja de agentes sociales, de trabajadores, activos poblacionales o rurales que están interviniendo en situaciones de pobreza, como acompañamiento simbólico de alta importancia, pero que son explotados por las mismas políticas. Y ahí hay responsabilidades estatales y municipales también.

¿Qué entiende usted por explotación?
Me refiero a empleo precario de profesionales, de gente que ha hecho estudios de técnico social  o trabajo social. Yo conozco a muchos egresados  de la carrera de trabajo social que en su primera oportunidad entran a estos programas con sueldos de media jornada con una ocupación de jornada completa, donde tienen que usar sus propios medios para pagarse la colación y el traslado a las distintas familias. Estamos hablando de precariedad y sobrecarga de trabajo, porque saben que no pueden atender con calidad el acompañamiento que requiere una familia en condición de extrema pobreza. Hay descontento con un programa que -si bien es cierto- es de una inteligente ingeniería social, falla en el componente de participación de los mismos sujetes afectados.

Entonces, ¿estaríamos hablando que uno de los problemas de estos programas es la falta de apoyo hacia los activos sociales?
Sí, es uno de ellos. La gente siente que tienen una alta motivación ético social, pero que se pierden sus energías personales. Hay que valorar a estos activos sociales,  aumentar los costos y no con planes de empleo mínimo, sino ampliarse y profesionalizarse. He percibido mucho malestar de profesionales jóvenes que han estado trabajando en programas de intervención social.

Lo que no mostraron en el  programa de televisión Contacto es que hoy se produce de hecho una suerte de Programa de Empleo Mínimo (PEM), tan desprestigiado en el período de la dictadura.

¿Cuál es la importancia de estos activos sociales?
Cuando uno forma a estas personas para trabajar en intervención social, tiene que contar con un marco ético- social importantísimo. Aprenden a velar por la dignidad de las personas. Tienen que ser personas muy motivadas, integradas y portadoras de un proyecto país. Son los que le ponen rostro humano y solidario al complejo esfuerzo técnico desplegado en los programas de intervención social. Pero necesitan de buenas condiciones laborales para poder trabajar. No solamente en términos monetarios, sino en calidad de trabajo. Es decir, contar con el tiempo suficiente para hablar con las familias, llegar en el momento preciso y no cuando están durmiendo. No es cumplir con una encuesta a domicilio. Se requiere entonces de tiempos físicos mejor pensados para poder desplazarse con tranquilidad. 

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